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Quejas en el Centro de Medellín por contaminación causada por el ruido – Medellín – Colombia



Una de las calles más importantes de Medellín es la 49 o Ayacucho.
Además de su gran riqueza histórica es un lugar por donde han cruzado los antioqueños en su paso hacia el oriente y por donde más han transitado diferentes sistemas de movilidad, desde los caballos y las carretas, pasando por el antiguo tranvía, siguiendo con los buses, hasta la actualidad cuando la vía es atravesada por el regreso de un tranvía eléctrico.

Hoy sigue siendo una de las zonas más transitadas y concurridas de la ciudad. Pero, esta vez, con un ingrediente que preocupa: altos índices de ruido.

Tan altos que llegan hasta el punto de ser incómodos y, sobre todo, perjudiciales para la salud tanto física como sicológica.

Hernán Darío Arango Rojas vive en el edificio El Manantial, ubicado justo en Ayacucho, calle 49 con la carrera 39.

Él y algunos residentes de la zona son quienes más se quejan del bullicio de la zona.

“Nosotros pagamos impuestos y tenemos derecho a descansar, somos mayoría y exigimos que regulen a quienes nos están afectando”, dice Arango.

Cuenta que después de las cinco de la tarde, cuando termina el turno del personal de Espacio Público, encargado de controlar durante el día a los vendedores informales, estos aprovechan y por medio de megáfonos y altavoces empiezan a promocionar a todo volumen frutas, cachivaches y accesorios de celular.

A ese barullo se suman algunos bares que no cumplen con los horarios y, mucho menos, con los decibeles de sonido permitidos.

Para completar el paisaje de alboroto, los fines de semana, denuncian los residentes, una iglesia cristiana aledaña al vecindario pone a sonar una estridente y continua música religiosa.

Para el ministro Luis Pedroso su iglesia cristiana no tiene inconveniente con los vecinos.

Sin embargo, tiene claro que una persona de un edificio aledaño a su recinto es quien constantemente se queja y molesta el culto y la práctica religiosa.

“Hemos reestructurado los horarios, a propósito de la reapertura por el covid-19 y luego de haber cerrado por un poco más de seis meses. Ahora, regresamos solo los fines de semana y cumpliendo estrictas medidas de seguridad”, dice.

Agrega que ellos solo cantan dos canciones en la jornada que, en la actualidad, es de una hora. Y los sábados, día de ensayos, solo están media hora a puerta cerrada.

Nosotros pagamos impuestos y tenemos derecho a descansar, somos mayoría y exigimos que regulen a quienes nos están afectando

“Además, nuestro local cuenta con un sistema de insonoridad. Por eso, solicitamos respeto por nuestro culto”, explica Pedroso.  

Flover Ortiz Olaya es un vendedor ambulante de frutas y aguacates. Él se ubica desde hace tres años en Ayacucho, justo a un costado de la línea del tranvía.

A pesar de que no usa megáfono para realizar su actividad comercial es consciente de que algunos de sus compañeros, argumentando que con el parlante pueden llegar a más clientes o llamar mejor su atención, sí los usan.

“Algunos de ellos, cuando les he llamado la atención, para que le bajen al sonido, se disgustan e incluso me dicen malas palabras. No entienden que debemos respetar y que con ruido no se vende, pero que quede claro que no somos todos”, puntualiza Ortiz.

En la búsqueda de soluciones

Ante estas inquietudes, Sandra Muñoz Mejía, secretaria encargada de Medioambiente de Medellín, comenta que en el Plan de Desarrollo de Medellín Futuro 2020-2023 se estableció la meta del diseño de modelos de gestión integral del ruido para la capital antioqueña.

Con ese modelo se pretende lograr un trabajo articulado y completo que evite la fragmentación del problema y que, igualmente, permita implementar soluciones a fondo.

“La secretaría de Ambiente es líder del comité técnico interinstitucional de aire y ruido del Centro Integrado de Gestión de Acceso en Salud (CIGA), y hemos venido levantando información que nos permitirá identificar las competencias de cada dependencia en la Administración Municipal, logrando alcanzar una visión completa sobre el tema del ruido y una articulación para ser más efectivos en nuestras acciones”, asegura Muñoz.

Es así, como ya existe un Plan de Acción cuyo resultado es fruto del trabajo participativo con la comunidad y diferentes sectores como el industrial, transporte, comercial, servicios, institucional y académico que, desde su experiencia y la visión general de las condiciones de ruido en el valle de Aburrá, aportaron al planteamiento de estrategias para la disminución de la contaminación por ruido.

Actualmente no hay un estudio de ruido de fuentes como el de los comerciantes con megáfonos que trabajan, por ejemplo, en la zona de Ayacucho.

Para reducir dicho impacto de contaminación acústica, caso como el de la calle Ayacucho, el Plan se formuló con un enfoque estratégico de acciones.
Dichas acciones apuntan a gestionar los problemas y efectos del ruido para prevenir y preservar la calidad acústica, proteger la salud pública y propiciar un desarrollo metropolitano sostenible.

El Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo, en su Resolución 627 de 2006, establece que la autoridad ambiental, que en el caso local es el Área Metropolitana, tiene la obligación de actualizar mapas de ruidos cada cuatro años tiene la obligación de actualizar mapas de ruidos cada cuatro años y la última actualización fue con base en el 2018 y presentada en el 2019.

En ella se pueden consultar los mapas de ruido elaborados para el municipio de Medellín, así como las fuentes de ruido ambiental como el del tráfico automotor, aeropuerto, sistema Metro y las industriales.

Actualmente no hay un estudio de ruido de fuentes como el de los comerciantes con megáfonos que trabajan, por ejemplo, en la zona de Ayacucho.

Sin embargo, en los mapas actuales sí se puede determinar que en la zona mencionada, y con base en los últimos estudios, hay una gran contaminación auditiva y esta estaría entre los 60 y 70 decibeles, tanto en el día, como en la noche.

La organización mundial de la salud (OMS) considera ruido a cualquier tipo de sonido superior a los 65 decibelios durante el día y 55 decibelios durante la noche.
Para ampliar estos datos y otros de contaminación por ruido en la ciudad puede consultarse la página web del Área Metropolitana con solo escribir la dirección del lugar que se desea chequear, sección observatorio y luego accediendo en el tablero dinámico.

Residentes se quejan del insoportable ruido de los venteros ofreciendo sus productos.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

Otro testimonio

Yesenia Córdoba es una mujer venezolana que trabaja en la zona vendiendo en su carreta accesorios para celular.

Ella sostiene que “muchos de nosotros no tenemos sonido, otros le suben poco, pero no faltan los compañeros que no respetan y le suben todo el volumen y esto es lo que nos ocasiona problemas con la comunidad”.

Córdoba agrega que no todos los venteros de calle deben pagar por quienes no respetan las normas y piensa que la solución debe ser “capacitarnos o apoyarnos, no dejarnos sin las carretas y sin trabajo, nosotros no tenemos otro empleo”. A este propósito, hay planeado realizar 5 talleres virtuales.

ESNEYDER GUTIÉRREZ
PARA EL TIEMPO
MEDELLÍN

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