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Fisiculturista colombiano murió en Rusia y su familia aún espera sus cenizas – Otras Ciudades – Colombia



“Alexis ya está en la morgue”. Esa fue la helada frase en un español balbuceado en tono vacilante y voz entrecortada que se escuchó por el teléfono a las 4:30 de la tarde del domingo 15 de octubre de 2017, en Cúcuta, en el hogar de la familia Torres Rojas.

La llamada provenía de Perm, situada en la región europea de Rusia, con un poco más de un millón de habitantes, y a 1.435 kilómetros de Moscú.

Pasaron unos minutos de silencio y luego vino un mar de lágrimas. Rodolfo Alexis Torres Rojas, de 31 años, acababa de fallecer luego de permanecer internado por 20 días en la Unidad de Cuidados Intensivos –UCI- del hospital de esa ciudad, ubicada a orillas del río Kama, a donde había llegado justo un año antes para casarse con Anna, una joven rusa tres años menor que él, que había conocido en las redes sociales y con quien luego de un intenso romance decidió formalizar su relación amorosa. Ella fue precisamente fue quien hizo la llamada para dar la triste noticia.

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A territorio ruso llegó el 13 de octubre de 2016 y dos meses después contrajo matrimonio. De a poco retomó la forma muscular en su cuerpo para seguir adelante con el fisiculturismo, el estilo de vida que había adoptado después de dejar sus estudios de Derecho en la Universidad Libre, de Cúcuta. Esa era su pasión.

La lesión que lo llevó a la muerte

Este consagrado deportista se preparaba para llegar en óptimas condiciones a un campeonato de fisiculturismo que se desarrollaría en esa región cercana a los Montes Urales, con la participación de destacados culturistas de varios países del mundo. En poco menos de 12 meses Alexis también había aprendido el oficio de constructor y con su esposa ya estaban planeando levantar una casa en un terreno que ya habían adquirido al lado de donde vivían.

Pero el 16 de septiembre de 2017, durante una sesión de entrenamiento, sufrió una lesión de tríceps en su brazo derecho, por lo cual fue al hospital para que le trataran el dolor, una hemorragia interna y la inflamación del músculo.

Alexis en ese momento fue sometido a una cirugía ambulatoria, que no presentó mayores complicaciones. En la misma le drenaron la sangre de la herida y siguió adelante con el tratamiento médico, pero unos días después presentó malestar, elevadas temperaturas y fiebre permanente. Poco a poco su estado de salud se fue deteriorando.

Al nacido en Pamplona, pero cucuteño de corazón, padre de un niño colombiano, de 4 años en ese momento, y quien ya laboraba en este país como instructor de gimnasio, le diagnosticaron una septicemia, infección que ataca varios órganos de su cuerpo, provocada por el contagio de una bacteria que adquirió, al parecer, durante el primer procedimiento ambulatorio.

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Cuando requirió de un aparato para realizar la diálisis y comenzar el tratamiento, tras la complicación de sus riñones, dicho equipo no estaba disponible en el pequeño hospital.

¿Negligencia médica?

“En ese momento fue cuando comenzamos a hacer presión a través de las redes sociales, buscar contactos, y pedir ayuda para trasladarlo a otro centro hospitalario donde se encontrara la máquina y en ese proceso se perdieron tres días y el estado de salud de mi hijo se complicó más”, reconoció en su momento el padre de Alexis, el profesor Rodolfo Alejandro Torres.

Su traslado a un centro hospitalario de primer nivel se retrasó y solo hasta el domingo 8 de octubre fue remitido en helicóptero. Allí empezó a recibir los cuidados necesarios con modernos equipos renales. La lucha de los facultativos por salvar la vida del paciente duró un mes, pero al final sucumbieron.

“La infección le avanzó en todo su organismo. Inicialmente planeaban amputarle el brazo, pero el grupo de especialistas decidió tratarlo con medicina. Luego, con el avance de la infección interna y tras un coma inducido al que fue sometido, se afectó su corazón, el sistema cardíaco, parte del cerebro y el sistema urinario. Se agravó y ya jamás despertó”, describe, aún afligida, Yamile Torrado, su tía y madrina, desde Ocaña (Norte de Santander), donde reside con su familia.

“A él prácticamente lo dejaron morir, la septicemia se le regó por todo el cuerpo y también creo que hubo negligencia médica. Murió lejos de su familia, de sus amigos, de su país, cuando intentaba buscas mejores posibilidades de vida y abrir un nuevo camino. Allá vivía con su esposa, la pequeña hija de ella y su suegra. Ya han pasado tres años y no hemos podido recuperar ni las cenizas”, relata con pesar Yamile, quien intentó viajar a Perm para recuperar los restos de su sobrino, a quien también ayudó a criar.

Las promesas quedaron en nada

Tan pronto se conoció la muerte del joven, su familia comenzó una férrea batalla por lograr el traslado del cadáver embalsamado de Rusia a Colombia para darle eterna sepultura en su tierra. Ese era el único consuelo que quedaba. Prácticamente movieron cielo y tierra, pero al final, después de muchas promesas y pese al esfuerzo de amistades, todo se desvaneció y hoy, después de arrancar las hojas de tres calendarios todavía no le han podido poner el punto final a ese triste capítulo.

A través de un comunicado, los padres del deportista explicaron en su momento que ante la negativa de las autoridades consulares de ofrecer su respaldo económico para el traslado a la ciudad de Cúcuta, que costaba unos 60 millones de pesos, optaron por la vía de la incineración de los restos.

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Inicialmente, los padres emprendieron una colecta a través de las redes sociales, con amigos, políticos, dirigentes y personalidades de la región para viajar a Rusia y visitar al hijo en el hospital, pero luego decidieron invertir los fondos recaudados en los elevados gastos médicos que se causaron durante los últimos 20 días en que Rodolfo estuvo en estado de coma inducido.

“Se realizaron todas las gestiones con la Cancillería y se recopilaron los documentos necesarios para cumplir con los requisitos. También nos ofrecieron ayuda desde el consulado de Moscú. Sus padres, por varios inconvenientes, no pudieron viajar para ver al menos el cuerpo sin vida de su hijo. Al final, las autoridades sanitarias y judiciales de Perm ordenaron la cremación y su esposa fue quien quedó en custodia del cofre con las cenizas”, agregó Yamile, hermana María Eugenia Rojas, madre de Alexis, también docente.

La madre nunca perdió la esperanza pese a que dos días antes del fallecimiento de su hijo indicó que a Alexis lo tenían en una especie de burbuja. “No se puede ver, no nos podemos comunicar. Sólo se puede hablar con el médico responsable”.

La familia, como consuelo, se tuvo que conformar con una transmisión en diferido por internet las honras fúnebres.

“Ante la imposibilidad de repatriación del cuerpo de nuestro querido hijo, por muchas razones que no están en nuestra competencia, queremos agradecer inmensamente todo su apoyo, las acciones que se realizaron para solicitar su traída: cartas, mensajes, comunicaciones y llamadas. Aquí sentimos su presencia, su interés y deseo por tener a nuestro Alexis, aquí, en Cúcuta, para haberle acompañando y haberle ofrecido con mucho cariño nuestro sentimiento por su partida definitiva”, indicó un comunicado de la familia tras llevarse a cabo la incineración de su cuerpo.

La pandemia detuvo todo

“Lo último que supimos de la Cancillería fue en noviembre de 2019. Dijeron que por medio de una valija diplomática traerían las cenizas, pero al cabo del tiempo, todo quedó en nada. Algunos exalumnos míos, que viven en Rusia, me recomendaron que lo mejor era viajar hasta Perm y traer personalmente los restos de mi sobrino. Cumplimos con unos requisitos y sólo restaba comprar los pasajes. Mi hermana se sentía muy agradecida con ese gesto, pero llegó la pandemia y todo volvió a quedar quieto y hasta nueva orden”, añade la tía de Alexis y quien se apersonó de esa ardua tarea y aguarda con paciencia esa última posibilidad para poder cumplir con ese propósito y alcanzar algo de tranquilidad para toda la familia.

Anna, su viuda, y quien conserva el apellido de casada (Torres) tiene varios trabajos en Perm, entre ellos, el de experta tatuadora, mantiene contacto habitual con Yamile a través de las redes sociales y ella ya dio autorización para poder trasladar la urna con las cenizas.

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“Mi hermana no está tranquila. El deseo, nuestro anhelo, es poder recuperar sus cenizas y dejarlas en un lugar que ya tenemos apartado en Ocaña para poder cerrar ese ciclo y pasar esa página. Ya este año tampoco se pudo, pero tenemos la ilusión de poder resolver todo lo más pronto posible. Al menos ese acto nos dejará al final un tanto de serenidad”, concluye Yamile, quien confiesa que hará todo lo posible para que las cenizas de su sobrino puedan quedar en la calma eterna y darle el esperado y definitivo adiós.

JAVIER ARANA
ELTIEMPO.COM
En Twitter: @arana_javier

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