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El Distrito Rural Campesino, una utopía posible en Medellín – Medellín – Colombia



En Siervo sin tierra, uno de los libros que retrató la llamada época de la violencia en Colombia, momento crítico de desplazamiento en el siglo XX, Eduardo Caballero Calderón escribió: “(…) Señaló con el dedo su rancho, un montoncito de tierra gris, cubierto de paja amarillenta, que se sostenía en vilo sobre el barranco. Se veía solo y desamparado en medio de la ladera pedregosa, a la sombra de dos arbolitos de mirto y de un naranjo coposo, cargado de naranjas que desde aquella altura no podían verse”.

Esa descripción literaria, cercana a cumplir 70 años, pareciera referirse a las laderas que rodean a Medellín, donde se levanta esa madeja de ranchos y barrancos que configuran el borde áspero de la ciudad.

En ese borde, sin embargo, la vida se acumula y multiplica zanjando la tierra. Cada día surge un nuevo rancho que se acomoda a la fuerza sobre otros ya establecidos desde hace tiempo, y entonces los techos improvisados de tablas, tejas de barro o de zinc, y plásticos de todo tipo, se ven desde lejos como un arrume que pretende salvarse con los variados nombres: Esfuerzos de paz, Mano de Dios, Unión de Cristo…

La mayoría de las gentes que habitan esos ranchos y sobreviven al día sobre los bordes de la ciudad son campesinas y campesinos que llegaron desde alguna parte, desde el campo cercano o lejano, apurados por la amenaza o por la necesidad.

Colombia fue uno de los 49 países que se abstuvo de firmar la carta de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de Otras Personas que Trabajan en las Zonas Rurales. La Declaración recibió un apoyo mayoritario con 119 votos, frente a 49 abstenciones y 7 en contra. Ese desdén, ese olvido por lo rural no es nuevo.

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En Medellín viven cerca de 50.000 campesinos, alrededor de 12.500 familias, en unos 16.000 predios en un área de
1, 51 hectáreas por unidad productiva familiar.

Foto:

Juan Fernando Ospina – Cortesía Penca de Sábila

Tal desconocimiento, según Héctor Manuel Lugo, socio fundador de la Corporación Penca de Sábila, “es estratégico, pues busca redirigir los recursos del agro para inyectarlos en ganadería, en cultivos de palma africana, agroindustria y en proyectos urbanísticos”.

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En Medellín viven aproximadamente 50.000 campesinos, alrededor de 12.500 familias en cerca de 16.000 predios que tienen un área promedio de 1,51 hectáreas por unidad productiva familiar. Esas unidades productivas familiares producen 29 toneladas de alimentos por año.

Los índices de calidad de vida más bajos de Medellín están en los corregimientos, y las mujeres están un escalón más abajo en la reivindicación de los derechos.

Ellas, campesinas casi todas, no tienen derecho a la propiedad de la tierra y, en la mayoría de los casos, no participan de los beneficios económicos de los productos que siembran y venden. Tampoco tienen acceso digno a educación y salud.

Los hombres temen que la mujer campesina se vuelva más liberada y ya no haga las cosas de la casa de la misma manera

“El sistema patriarcal machista está más enquistado en el campo. Mi esposo ha sido un buen compañero en mis luchas, no ha sido una piedra en el zapato nunca. Con mis padres sí tuve muchas discusiones, pero han ido entendiendo. Mis hijos también me apoyan. Papá me decía que yo andaba mucho, que descuidaba los hijos y la casa. He sentido resistencia en la Junta de Acción Comunal, porque lo miran como queriendo decir: ‘acá viene esta con la misma carreta’, pero siempre lo he tomado con cautela y diplomacia. Los hombres temen que la mujer campesina se vuelva más liberada y ya no haga las cosas de la casa de la misma manera”, cuenta Diana Sierra, de la Red Intercorregimental de Mujeres, organización que surgió hace 12 años y ha logrado avanzar en la protección de los derechos de las mujeres campesinos a través de propuestas como la “titulación de tierra compartida”.

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Esa iniciativa está inscrita en los primeros renglones del Distrito Rural Campesino, figura jurídica incluida en el Plan de Ordenamiento Territorial de Medellín a través del Acuerdo Municipal 048 de 2014, y ratificado mediante resolución en la pasada administración, con más de 200 propuestas elaboradas por las comunidades en la fase formulación. El Distrito fue construido por Penca de Sábila en conjunto con las asociaciones campesinas ACAB de San Cristóbal y Campo Vivo de San Sebastián de Palmitas para consolidar y proteger la identidad cultural de la población campesina y su importancia en la construcción y conservación del territorio y del medio ambiente.

El Distrito es una propuesta de innovación que integra el ordenamiento con la gestión territorial, única en Colombia. Hasta ahora se han realizado dos fases de las cinco que se requieren.

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Aunque está incluido en el Plan de Desarrollo 2020-2023, la administración municipal no ha tenido la voluntad política para volverlo una realidad, pues no cuenta con una estructura administrativa autónoma y un presupuesto de no menos 350.000 millones de pesos para su implementación.

Otro aporte a la ruralidad de Medellín es el Circuito Económico Solidario ColyFlor, conformado por una red de proveedores de 104 personas, organizaciones y asociaciones campesinas con prácticas de producción agroecológica que comercializan en la Tienda de Comercio Justo Colyflor.

Había que darle forma a una estrategia económica que les brindara a los campesinos la capacidad de producción agroecológica

“Había que darle forma a una estrategia económica que les brindara a los campesinos la capacidad de producción agroecológica, y también recoger esa producción como una alternativa sana y ecológica para la ciudad”, explica Héctor Manuel Lugo.

Esta experiencia de la Corporación es una de 12 historias inspiradoras sobre la transformación a nivel local preseleccionada para el Premio del Público Ciudades Transformadoras 2020. Este premio es un proceso global que identifica y apoya prácticas y respuestas transformadoras que abordan crisis globales a nivel local.
En ese sentido, Ciudades Transformadoras, organizada por Transnational Institute, ha proporcionado apoyo en materia de investigación y cobertura informativa para este artículo.

Invitación a votar por la iniciativa

Esta experiencia de la Corporación Penca de Sábila es una de 12 historias inspiradoras sobre la transformación a nivel local preseleccionada para el Premio del Público ‘Ciudades Transformadoras 2020’.

Este premio es un proceso global que identifica y apoya prácticas y respuestas transformadoras que abordan crisis globales a nivel local. “¡Esta es la única iniciativa colombiana que participa en este galardón internacional! en la Categoría Alimentos”, dicen los promotores.

Hasta el próximo 16 de noviembre se puede votar por esta iniciativa y conocer las otras experiencias transformadoras en materia de agua, soberanía alimentaria, energía y vivienda. Los interesados en apoyar la iniciativa con su voto, deben entrar a la página web https://transformativecities.org/es/premio2020/

PASCUAL GAVIRIA
Para EL TIEMPO

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